demasiado humanos

viernes, abril 18, 2008

De carreras y trabajos

Ante el escaso tiempo que disponemos para continuar los temas que surgen en nuestras clases, el blog empieza a perfilarse como un recurso apropiado para hacer aclaraciones, para agregar paréntesis o, parafraseando al filósofo, para continuar el debate, por otros medios.
Quisiera insistir, en primer lugar, que cuando hicimos las listas de carreras y empleos no estabamos realizando ningún juicio de valor sobre los estudios y los trabajos que figuraban en las listas. Simplemente, anotábamos de cada una de esas categorías, las que no requerían contar con los requisitos que escribimos en el pizarrón.
En segundo lugar, me parece que requiere una aclaración el ejemplo del número de estudiantes que ingresa a la universidad y el porcentaje de ese número que egresa con un título.
El ejemplo es un ejemplo estadístico. La idea es esta: supongamos que todo el universo de estudiantes está compuesto de treinta y seis alumnos que terminan en este momento sus estudios secundarios. Supongamos que esos son todos los jóvenes que hay, y que todos deciden ingresar a la universidad. Estadísticamente, sólo egresarán de ese grupo total, aproximadamente seis alumnos. Ahora bien, eso no quiere decir que esas treinta y seis personas coincidan con las que el viernes, a las 11.10 horas, estaban sentadas en una clase de filosofía del colegio Schönthal. Es posible que si tomáramos en consideración a ese grupo se diera el caso de que los treinta y seis ingresan a la universidad y, al cabo de cinco años, todos egresan con un título universitario. Lo que el ejemplo intentaba mostrar es que si ese fuera el caso, ese grupo del colegio Schönthal no sería estadísticamente representantivo y, en la curva que dibujamos en el pizarrón, se ubicaría cerca de los márgenes y muy alejado de la media. Ilustramos este ejemplo con la analogía del caso de Brian May. Es evidente que sus logros académicos no son estadísticamente relevantes a la hora de buscar casos similares o parecidos entre los guitarristas de rock.
En tercer lugar, y por último, lo que me interesó compartir con los alumnos fue mi lectura de la corrección de las evaluaciones y algunas hipótesis acerca de las prácticas de estudio de ellos, que pude inferir de esa lectura. El propósito de comparitr algunas conclusiones muy modestas es invitar a los chicos y a las chicas a revisar su posición frente al estudio, sincerar cada uno para sí mismo su propio estado de situación al respecto, y relacionar esa posición con sus expectativas futuras de trayectoria académica y de búsqueda de empleo. Dicho en términos más concretos, responderse esta pregunta: ¿a qué puedo querer llegar yo en el campo de estudios universitarios o terciarios y en la búsqueda futura de empleo, dadas mis actuales condiciones y mi disposición en relación con las exigencias de estudio riguroso y prolongado?

martes, abril 15, 2008

¿Qué pueden hacer los alumnas y los alumnos para prepararse para un examen?

La primera opción, tal vez la más recomendada, es estudiar. ¿Qué significa estudiar? Bueno, básicamente leer la bibliografía obligatoria de la materia, tratar de entenderla, separar lo que puede ser considerado importante de lo accesorio, etc.
La segunda opción, si la primera resulta demasiado desmesurada para las ganas y la voluntad de los chicos y las chicas es leer los apuntes tomados en clase. Por supuesto esta opción arrastra el inconveniente de que está repleta de lagunas. Lo que el profesor o la profesora dicen en clase es orientativo, en todo caso ordenador, pero de ningún modo sustituye a la bibliografía. Los chicos y las chicas a veces confunden lo que el profesor dice, con lo que ellos tienen la obligación de decir en los exámenes. Entoces toman apuntes y después responden las preguntas repitiendo (en el mejor de los casos, lo que el profesor dijo en la clase que de por sí es poco e incompleto; en el peor de los casos, reproducen mal esa información. Aunque ahora se puede disputar con el profesor y decirle que él dijo eso, porque "yo lo tengo anotado". Todo se lleva al terreno de la palabra de uno contra la del otro. Lo que había que responder se transforma en una cuestión opinable).
La tercera opción, si es que se ha decidido no leer la bibliografía y no tomar apuntes (por lo tanto, tampoco leer los apuntes que no se tomaron) es tratar de recordar lo que el profesor dijo en la clase en la que se habló del tema que forma parte de la pregunta que hay que responder. Por supuesto, esta opción es más débil que las dos anteriores y además cuenta con la fragilidad que supone el jugar todas las fichas al recuerdo, y con el inconveniente de que no siempre se escucha todo lo que se dice, ni tampoco lo que se escucha está filtrado de ruidos (léase distracciones, otros pensamientos, comentarios con el compañero o la compañera mientras el profesor habla, etc.)
La cuarta opción, si es que uno no pudo o no quiso leer la bibliografía, no pudo o no quiso tomar apuntes, o no pudo o no quiso escuchar las clases, es apelar a la buena fortuna y esperar que en el momento de la prueba, algún compañero nos sople la respuesta y que lo que nos dice sea lo más parecido posible a lo que hay que responder. Parecen demasiadas exigencias para que todo salga bien (sin contar, por supuesto con la posibilidad de que el profesor advierta la maniobra).
La quinta opción es intentar copiarse. Esta es aventurada, y la de mayor riesgo, pero si sale bien y la copia está hecha sobre la bibliografía obligatoria, parece el mejor sustituto de la primera opción y la que ofrece mayores garantías de correspondencia, si se la compara con las otras tres. Por otra parte, aunque sea por única vez, y a las apuradas, el chico o la chica habrán leído la biblografía. No es lo óptimo, pero peor es nada.
De la experiencia recogida en la corrección de las pruebas presentadas la semana pasada deduzco que un buen número de alumnos y alumnas han optado por utilizar una mezcla de las opciones dos y tres, con resultados poco alentadores (para ellos y ellas). Por supuesto no puedo evaluar la utilización de las opciones cuatro y cinco porque eso equivaldría a admitir que vi o advertí lo que no vi ni advertí.
Estas pocas observaciones nos llevan a formularnos (e intentar responder) estas preguntas:
1. ¿Qué expectativas futuras pueden tener los alumnos y las alumnas con escasa o ninguna disposición para el estudio (es decir, con dificultades para enfrentarse con exámenes utilizando la opción uno, acompañándola de modo complementario, con la opción dos)?
2. ¿Cómo pueden evaluar ellos el propio recorrido de cada uno, si llegados a este punto admiten que siempre o casi siempre procedieron del mismo modo y llegaron a donde llegaron?
3. ¿Qué se puede esperar hacer en el corto plazo (tanto académica como laboralmente) con una escasa diposición para el estudio, una escritura deficiente y una muy baja comprensión lectora?
4. Reformulando la pregunta anterior en otros términos ¿Qué carreras o que trabajos de nuestra época admiten estudiantes o empleados que no sepan escribir razonablemente bien, que no tengan algún entrenamiento mínimo para el cálculo y las operaciones abstractas, y (o) que no manejen adecuadamente una segunda lengua?
Tal vez, responder a estas cuatro preguntas exija de parte de todos nosotros enfrentarnos con la fría y cruda realidad que diseña nuestra época y, en consecuencia, intentar elaborar algunas respuestas provisionales con la mayor sinceridad posible.

viernes, abril 04, 2008

Otra manera (tal vez mejor) de comprender la filosofía de Kant es entrar por el lado de ese movimiento cultural que en el siglo XVIII se llamó La Ilustración. Para que puedan tener una idea de su significado y del "Siglo de las luces", les dejo esta dirección. Seguramente será un aporte más para comprender la modernidad en su conjunto: http://www.portalplanetasedna.com.ar/ilustracion.htm