¿Qué pueden hacer los alumnas y los alumnos para prepararse para un examen?
La primera opción, tal vez la más recomendada, es estudiar. ¿Qué significa estudiar? Bueno, básicamente leer la bibliografía obligatoria de la materia, tratar de entenderla, separar lo que puede ser considerado importante de lo accesorio, etc.
La segunda opción, si la primera resulta demasiado desmesurada para las ganas y la voluntad de los chicos y las chicas es leer los apuntes tomados en clase. Por supuesto esta opción arrastra el inconveniente de que está repleta de lagunas. Lo que el profesor o la profesora dicen en clase es orientativo, en todo caso ordenador, pero de ningún modo sustituye a la bibliografía. Los chicos y las chicas a veces confunden lo que el profesor dice, con lo que ellos tienen la obligación de decir en los exámenes. Entoces toman apuntes y después responden las preguntas repitiendo (en el mejor de los casos, lo que el profesor dijo en la clase que de por sí es poco e incompleto; en el peor de los casos, reproducen mal esa información. Aunque ahora se puede disputar con el profesor y decirle que él dijo eso, porque "yo lo tengo anotado". Todo se lleva al terreno de la palabra de uno contra la del otro. Lo que había que responder se transforma en una cuestión opinable).
La tercera opción, si es que se ha decidido no leer la bibliografía y no tomar apuntes (por lo tanto, tampoco leer los apuntes que no se tomaron) es tratar de recordar lo que el profesor dijo en la clase en la que se habló del tema que forma parte de la pregunta que hay que responder. Por supuesto, esta opción es más débil que las dos anteriores y además cuenta con la fragilidad que supone el jugar todas las fichas al recuerdo, y con el inconveniente de que no siempre se escucha todo lo que se dice, ni tampoco lo que se escucha está filtrado de ruidos (léase distracciones, otros pensamientos, comentarios con el compañero o la compañera mientras el profesor habla, etc.)
La cuarta opción, si es que uno no pudo o no quiso leer la bibliografía, no pudo o no quiso tomar apuntes, o no pudo o no quiso escuchar las clases, es apelar a la buena fortuna y esperar que en el momento de la prueba, algún compañero nos sople la respuesta y que lo que nos dice sea lo más parecido posible a lo que hay que responder. Parecen demasiadas exigencias para que todo salga bien (sin contar, por supuesto con la posibilidad de que el profesor advierta la maniobra).
La quinta opción es intentar copiarse. Esta es aventurada, y la de mayor riesgo, pero si sale bien y la copia está hecha sobre la bibliografía obligatoria, parece el mejor sustituto de la primera opción y la que ofrece mayores garantías de correspondencia, si se la compara con las otras tres. Por otra parte, aunque sea por única vez, y a las apuradas, el chico o la chica habrán leído la biblografía. No es lo óptimo, pero peor es nada.
De la experiencia recogida en la corrección de las pruebas presentadas la semana pasada deduzco que un buen número de alumnos y alumnas han optado por utilizar una mezcla de las opciones dos y tres, con resultados poco alentadores (para ellos y ellas). Por supuesto no puedo evaluar la utilización de las opciones cuatro y cinco porque eso equivaldría a admitir que vi o advertí lo que no vi ni advertí.
Estas pocas observaciones nos llevan a formularnos (e intentar responder) estas preguntas:
1. ¿Qué expectativas futuras pueden tener los alumnos y las alumnas con escasa o ninguna disposición para el estudio (es decir, con dificultades para enfrentarse con exámenes utilizando la opción uno, acompañándola de modo complementario, con la opción dos)?
2. ¿Cómo pueden evaluar ellos el propio recorrido de cada uno, si llegados a este punto admiten que siempre o casi siempre procedieron del mismo modo y llegaron a donde llegaron?
3. ¿Qué se puede esperar hacer en el corto plazo (tanto académica como laboralmente) con una escasa diposición para el estudio, una escritura deficiente y una muy baja comprensión lectora?
4. Reformulando la pregunta anterior en otros términos ¿Qué carreras o que trabajos de nuestra época admiten estudiantes o empleados que no sepan escribir razonablemente bien, que no tengan algún entrenamiento mínimo para el cálculo y las operaciones abstractas, y (o) que no manejen adecuadamente una segunda lengua?
Tal vez, responder a estas cuatro preguntas exija de parte de todos nosotros enfrentarnos con la fría y cruda realidad que diseña nuestra época y, en consecuencia, intentar elaborar algunas respuestas provisionales con la mayor sinceridad posible.


0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home